Pocos coches como el que ocupa estas líneas nos han demostrado unas aptitudes
racing tan radicales. El mercado de los compactos deportivos está plagado de
representantes, algunos más potentes que este Civic, otros mejor equipados, unos
más asequibles y otros más confortables. Pero quienes piensen en el Type R no
deben valorar ninguno de los apartados anteriores; la mejor cualidad del último
deportivo de Honda es su radicalidad. No mentimos si decimos que se trata del
compacto más deportivo del mercado, por sensaciones y "exigencias" al conductor.
Realmente, estamos ante un modelo de carreras homologado.La reputación
obtenida por la anterior generación del Civic en su modelo más deportivo, el
Type R, debía continuar con la nueva generación. Aquel modelo era realmente
deportivo, con un comportamiento extremadamente radical, un motor que
"explotaba" a 5.800 rpm y en el que la palabra confort estaba absolutamente
marginada. Esto llegó a provocar que el modelo quedara restringido a los
usuarios más radicales con lo que las ventas, a pesar de ser buenas, estaban en
parte limitadas. ¿Habrán conseguido ampliar el rango de clientes potenciales?
Diseño y equipamiento.
El Civic no es desde luego un coche que pase desapercibido. Puede gustar o no,
pero desde luego es original y se ha ganado con todo el derecho el apodo de
"galáctico". Sus formas redondeadas no merman la habitabilidad, que es una de
las mejores de su segmento. Permite a cinco pasajeros viajar holgadamente -que
no con confort como veremos-, además de tener un maletero muy capaz (415 litros
+ 70 del doble fondo). El salpicadero tiene diferentes niveles, tanto
longitudinal como transversalmente. La grafía de esta versión "R" es aún más
radical, con un rojo intenso que conjunta con el tejido de los asientos y el
cosido del volante de cuero.
Especial atención merecen los asientos, auténticos baquets que ofrecen una
sujeción inmejorable toda vez que juegan un papel fundamental en el confort.
Son tremendamente confortables, y suplen en parte la extrema rigidez de la
suspensión. Para encontrar la mejor posición de conducción tuvimos que bajar al
máximo la altura del asiento, aunque así y todo no es tan "a ras de suelo" como
podría ser la de un Golf. El pedalier es adecuado para la maniobra del
punta-tacón, aunque para rizar el rizo endureceríamos ligeramente el pedal del
acelerador. Lo que es digno de alabar en la ubicación de la palanca de cambios,
simplemente, perfecta.
En materia de equipamiento, tenemos que partir de la base que la unidad
probada es una versión limitada con un precio muy inferior al convencional. Así,
sin que se prescinda de ningún elemento de seguridad, como los seis airbags o el
control de estabilidad. No equipa climatizador, faros antiniebla delanteros,
alarma y sistema de sonido. Para el que este equipamiento sea imprescindible,
debe optar por la versión "convencional" del Type-R.
Motor y comportamiento.
No nos suele gustar argumentar las bondades de un vehículo en solo dos
apartados, pero en el caso de Type-R se hace obligatorio. Es así por la
sobresaliente nota que saca en el rendimiento de su motor y el prácticamente
perfecto comportamiento. En cuanto al motor, se trata del conocido 2.0 litros de
cuatro cilindros con distribución variable i-VTEC, un sistema propio de Honda.
Es algo así como Jekyll y Mr Hide. Antes de 5.400 rpm el motor se comporta como
un buen 2 litros, con fuerza suficiente para moverse con soltura entre el
tráfico diario. Y esto es algo sorprendente. ¿Por qué, se preguntarán? ¡Por la
respuesta que tiene en alta!.
Hasta las 5.400 rpm (donde los diesel ya han dicho basta hace tiempo) el
Civic Type-R es una delicia. Apoyado en una caja de cambios de relaciones muy
cortas, repito muy cortas, se puede practicar incluso una conducción económica.
El suave embrague y una caja de cambios también de accionamiento preciso y
suave, no ponen ningún tipo de trabas.
Eso sí, cuando se enciende el testigo de i-VTEC en el cuadro, es como si
despertara la bestia. Y no en forma de patada brusca tipo "turbo", sino en un
cambio de sonido radical, más hueco y ronco, y un empuje más contundente. Los
cambios se suceden uno tras otro sin que casi de tiempo a llevar las manos al
volante, y hay que preparar el cerebro para el estímulo de subir de vueltas
hasta las ¡8.200 rpm!... En las primeras "apuradas" de marchas, tienes que ir
mirando el cuentavueltas y decirte: ¡no cambies todavía, no cambies todavía!,
¡aguántalo!. Y a todo esto, la adrenalina que sube y sube. Es un motor de
sensaciones.
Ya adelantamos anteriormente que el comportamiento es sobresaliente.
Comenzando por el tacto de dirección que resulta fantástico, con una relación
directa y cierta dureza en su accionamiento, y terminando por los pegajosos
Bridgestone Potenza que monta, todo está pensado para disfrutar de la
conducción. Con el control de estabilidad conectado, todo parece estar bajo
control. Basta insinuar el volante para que en las curvas más cerradas el coche
exhiba un apoyo duro, constante y sin oscilaciones. Sobre todo en asfalto nuevo,
es uno de los mejores coches que hemos probado en paso por curva. Ayudan en esta
sensación los asientos, que no nos dejan movernos ni un pelo.
En carreteras de montaña con asfalto no tan impecable, la conducción se hace
muy incómoda, casi extrema. Pero es el precio a pagar por un coche que casi
podríamos inscribir en un rallye sin modificar la suspensión.
¿Y si desconectamos el control de estabilidad y le buscamos las cosquillas?
Mejor que mejor: más sensaciones y subida de adrenalina garantizada. La
tendencia natural es la del subviraje, como su reparto de pesos puede hacer
indicar. Sin embargo, provocándolo a base de acelerador y volante, podemos
garantizarnos unas "espantadas" del tren trasero que siempre ayudan -cuando se
sepan y puedan controlar- a colocar el coche en los virajes. Un auténtico
juguete. Eso sí, no es de esos coches que deslicen de las cuatro ruedas a la
vez.
Conclusión.
La denominación "Type-R" ya alcanza casi la categoría de mito. El actual modelo,
al contrario que el anterior, hace volver la cabeza allá por donde pasa, y no
solo a los entendidos. Su motor es uno de los mejores atmosféricos del mundo, y
su dinámica de conducción es plenamente satisfactoria si somos conscientes que
lo último que han buscado en Honda es el confort.
No tendrá la "patada" de un motor turbo, pero ningún otro motor de esta
categoría puede llegar tan alto, y menos rendir tan bien en todo el espectro de
revoluciones. ¿Qué más se puede pedir? ¿Un buen precio? ¡Lo tiene!.
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