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Lexus IS-F - Esquizofrénico.
En el mercado del automóvil se han multiplicado en los últimos años los nichos en los que se alojan los modelos y variantes más exclusivos, como ha ocurrido con el de las berlinas medias deportivas, creado por BMW con su M3. Con el tiempo, las marcas de la competencia de este segmento premium se han aplicado el mismo cuento y no ha faltado una oferta en ese sentido. El último en llegar: el esquizofrénico F del modelo Lexus IS.

Esquizofrenia es palabra con mala reputación pero en este caso sólo describe la doble personalidad de este imponente Lexus de 423 CV, que se muestran claramente; una, turística, amable con la conducción tranquila y urbana, y otra rugiente que aparece cuando se excita el acelerador y abre el segundo puerto de la admisión. La seña de distinción de esta versión deportiva es la F, como evocación del circuito de Fuji, propiedad de Toyota, el grupo matriz de Lexus y escenario del desarrollo y puesta a punto de un proyecto que ha sido empeño de dos ingenieros de la marca, Yaguchi y Sakamoto, que ya empezaron a trabajar sobre un IS300 en el Centro Técnico Higashi Fuji.

La premisa fue la de las prestaciones pero sin renunciar al refinamiento característico de Lexus y la solución vino con la tecnología aplicada a la alimentación del motor combina los sistema de inyección directa e indirecta, con un sistema variable de admisión y de distribución también variable. En los trances de conducción tranquila el V8 solo utiliza un puerto de admisión para la alimentación del motor. Las respuestas en esta fase son similares a las de cualquier motor de este tamaño, con un sonido ronco y suave, que se convierte en bramido cuando el conductor opta por un estilo mas deportivo. El ruido enloquecerá a los amantes de los coches deportivos. Ésta parte, la acústica, está muy lograda, con una afinación que los ingenieros han dado a través de cuatro salidas de escape muy características que en lugar de una posición tradicional en línea aparecen escalonadas en los extremos del prominente faldón trasero.

El poderoso motor V8 de este Lexus, que procede del utilizado en la berlina de gran tamaño LS, está administrado por una caja automática de uso secuencial de ocho velocidades con extenso rango de utilización hasta una octava relación que permite una significativa reducción de consumo cuando se viaja. La caja, que se puede manejar desde las levas el volante, hace saltos muy rápidos, como si se tratase de una de las de competición, pero muestra sus límites de seguridad cuando se quiere ejecutar una conducción mas exigente. En estas situaciones, el cambio llega a desobedecer en las reducciones respondiendo a esa protección de la mecánica.

Tampoco deja el coche libre de asistencia el sistema VIDM, que es un control de estabilidad avanzado, que administra el ABS, el control electrónico de frenada, el diferencial de deslizamiento limitad (LSD) y el control electrónica de estabilidad (VSC), y actúa en los tres modos de transmisión seleccionables, es decir, deportiva, manual y nieve. El sistema permite la desconexión del VDIM, pero hay un punto en el se activa para controlar el desmán del coche, sin que el conductor pueda realizar las correcciones manuales porque, sencillamente, el coche queda "muerto". Esta dominante es mala para un conductor-piloto, pero excepcional para el perfil de conductor medio, sin habilidades de conducción, porque el coche, así, es extremadamente fácil de guiar. Se mantiene en el carril a pesar de la brutalidad de que pueden hacer gala los 423 caballos del V8 en el eje trasero y a pesar del autoblocante.

Las respuestas de los trenes rodantes a las órdenes de conducción son rápidas y fieles, aunque en este punto, como en otros muchos, es inevitable la comparación con el que es la referencia del segmento, el BMW M3, siempre más ágil, especialmente en curvas cerradas, en las que el IS-F se muestra un poco más pesado. El M3 es claramente más rápido en estas circunstancias, aunque también es cierto que exige mucho más del piloto si se desconectan las asistencias electrónicas, que en esta posición dejan actuar al conductor.

Las mayores ventajas del Lexus están en el uso cotidiano, ya que es acústicamente más discreto y quizá más confortable, aunque la dureza de la suspensión está al límite del castigo corporal. El Lexus ofrece también un mayor confort interior, aunque como en el BMW , hay pocos elementos de distinción en relación al resto de las versiones de la gama. Hilos de costura en azul, algún toque metálico y unos asientos que recogen más, son, básicamente, las diferencias.

La imagen exterior si marca diferencias sobre sus hermanos de catálogo. La estética está muy musculada, con pasos de rueda ensanchado un frontal voluminoso que, no obstante, no pierde las suaves caídas del capó, a pesar de que ha sido abultado para dar cabida al voluminoso ocho cilindros. Las llantas son un elemento diferenciador. Lexus se atreve con 19 pulgadas y gomas muy anchas en el tren trasero, que es el que ha de soportar la fuerza de la caballería de carreras.

En el Lexus siempre hay control y ello hace muy fácil su utilización. Los 423 CV no llegan a ser un problema importante en manos de conductores poco avezados. Las ayudas corregirán cualquier error, salvo los derivados de un exceso de confianza en la velocidad. La facilidad de conducción del IS-F no desmerece su condición de berlina ultra deportiva que planta batalla a las más selectas del segmento, casi en igualdad de cualidades con el líder, con un precio superior al de todos, pero debido a un elevado equipamiento de serie.
 

Fernando Marqués

 

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