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La historia del automóvil está llena de referencias, de hitos históricos, de
modelos que marcan tendencias y dejan firma histórica, de esculturas que se
resisten a someterse al castigo del tiempo como así le ocurre al Mazda MX-5, un
descapotable de dos plazas que es la síntesis de un icono.
MX-5 figura en el Libro Guinness de los Récords como el descapotable de dos
plazas más vendido del mundo desde que en 1989, el 9 de febrero, concretamente,
se hiciera la presentación oficial del modelo en el Chicago Motor Show. Ahora
llega la tercera generación de un bonito descapotable del que se han vendido
hasta la fecha más de 725.000 ejemplares. El nuevo MX-5 mantiene los principios
estéticos e ingenieriles que han dado el éxito a un coche de precio asequible,
divertido de conducir, con motor delantero y tracción trasera como guinda para
los amantes de la conducción deportiva tradicional.
Dice el fabricante que el nuevo MX-5 es de "proporciones armoniosas y sin
floritura superfluas". Es una buena forma de definir el equilibrio estético dado
a un deportivo atlético que en esta nueva entrega ha remarcado esta complexión.
El MX-5 conserva las formas básicas que tanto éxito le han dado, pero ha
reforzado la personalidad de la parte delantera, a base de una reubicación y
nueva forma de los faros delanteros y un subrayado especial de los guardabarros,
que dan el coche un aspecto mucho más musculoso que ha sido aún más reforzado
con el aumento del ancho de las vías. El nuevo descapotable de Mazda también
exhibe una nueva distancia entre ejes de 65 milímetros. La contemplación del MX-5
de tercera generación se traduce es una agradable sensación compartida de forma
unánime por todos sus espectadores.
Armonía es la palabra que mejor define la visión del descapotable, cuyo techo de
lona se abre o se cierra en tan sólo seis segundos. La capota de lona, más
ruidosa de lo normal a altas velocidades, puede ser sustituida por una rígida de
fácil manipulación que forma parte de la lista de opciones del modelo. Las
nuevas proporciones de este Mazda, más ancho y con más distancia entre vías, se
traducen en un habitáculo con mayores posibilidades de confort. Acoge sin
mayores problemas a personas de casi 1,90 de estatura y los gruesos viajan más
cómodos, sin roces molestos.
El interior ofrece ahora un mejor aspecto de materiales, un diseño con más
realce y un mayor número de espacios para guardar pequeñas cosas. El nuevo
diseño también permite viajar descubierto a temperaturas más bajas y altas,
entre 10 y 30 grados, frente a los 15 y 25 grados de la generación anterior. La
diferencia, en la práctica, es notable.
La versión probada está equipada con un potente dos litros de gasolina sobrado
para este roadster -quizá sea más equilibrado el motor 1.8- que resulta un poco
ruidoso, gestionado por una caja de seis velocidades de recorridos precisos y
cortos, muy cómoda de manejar.
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Armonía es la palabra
que mejor define la visión del descapotable, cuyo techo de lona se abre o
se cierra en tan sólo seis segundos. |
El chasis, construido en aceros de alta y muy alta resistencia combinados con
algunos elementos en aluminio para ahorrar peso (tapa de motor y capó trasero),
soporta sin rechistar los 160 caballos de entrega del motor, con un grado de
torsión que ha sido reducido respecto a la generación anterior. Ahora es más
rígido a las fuerzas torsionales en un 47 por ciento y en un 22 por ciento a las
de flexión.
Mazda se ha empleado a fondo en el reparto de pesos en el deportivo. Con una
posición de conducción muy atrasada, ha logrado una distribución al 50 por
ciento entre los dos ejes. La dinámica del conjunto chasis-suspensiones es
impecable. este deportivo siempre ha tenido una marcada tendencia sobreviradora
(desplazamiento de la parte trasera), que se mantiene en la versión 1.8, pero
que ha sido neutralizada en el 2.0 litros con la utilización de un autoblocante
que compensa muy eficazmente cualquier guiño de la trasera. Las sensaciones en
curva son de las que hace afición a este coche. Se siente el apoyo de la parte
trasera, muy cercana al asiento del conductor, con un guiado muy preciso de la
trazada. Por cierto, el conductor no puede regular el volante de manera
longitudinal, lo que constituye un problema en este tipo de coches. Lo que no
admite muy bien roadster es la conducción rápida, pero por el exceso de ruido
que producen el motor y la capota de lona. Falta conocer el grado de mejora que
conlleva la utilización del techo rígido.
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