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PORSCHE 911 CARRERA y CARRERA S- Renace el mito.
En ocasiones, resulta necesario e imprescindible reconocer los errores y corregirlos para reencontrarse con el camino del éxito. Esto mismo es lo que los autores del “nueve once” han aplicado en el lanzamiento de la nueva generación de su emblemático modelo. A sus avances en materia de suspensiones y mecánica, se suma una vuelta a los orígenes en lo que a diseño exterior se refiere. Tal es su similitud a modelos anteriores, que no despierta el interés habitual de las nuevas creaciones entre el resto de automovilistas y transeúntes.

Diseño y equipamiento.

Exteriormente, el nuevo 911 –de código interno 997- presenta una acertadísima vuelta a diseños como los mostrados a finales de los ´80 y principios de los ´90. Los típicos y añorados faros delanteros redondos vuelven a estar presentes, al igual que el reposicionamiento de los intermitentes delanteros en la defensa. Los espejos retrovisores se unen al marco de las puertas por medio de dos brazos, los tiradores de apertura de las mismas están ahora enrazados, y las aletas se han ensanchado para dar acogida a las nuevas llantas de 19” del Carrera S. Aerodinámicamente hablando el nuevo Carrera es mucho más eficaz, desde los retrovisores que dirigen el aire hacia el alerón posterior plegable, hasta la optimización de los flujos de aire en la parte inferior del chasis, y todo ello rebajando el coeficiente aerodinámico hasta un excelente valor de 0,28.

Entre las dos versiones con las que parte el 911, la Carrera y la Carrera S, sólo la salida de escape trasera –dos cuadradas en el Carrera y dos dobles redondas en el “S”- y el color de las pinzas de frenos que están pintadas en rojo en la variante más deportiva.

Donde los cambios son más evidentes es en el interior. La calidad de acabado raya la perfección, de forma similar a las más lujosas berlinas alemanas. El salpicadero es completamente nuevo, manteniendo eso sí cierta similitud. El cuero abunda en toda su extensión, los plásticos empleados son de extrema calidad –a excepción del botón superior de accionamiento de la palanca de cambios “Tiptronic” que sigue siendo muy pobre- y hay detalles que no dejan de ser sorprendentes en un vehículo que esta hecho por para la velocidad. Destaca la nueva consola central de aspecto muy moderno y que alberga el sistema multimedia, así como la nueva iluminación del cuadro de instrumentos francamente bien conseguida.

Como cabe esperar de un vehículo que supera con creces los 80.000 euros de precio, prácticamente no le falta de nada en materia de equipamiento, sobre todo si tiramos de la lista de opciones. El relativo a la seguridad, tanto activa como pasiva, se ha cuidado de forma especial y monta de serie por vez primera los airbag de cortina. El control de estabilidad, la suspensión activa, el sistema multimedia… nadie echará nada en falta en el 911.

Motor y comportamiento.

En su puesta a la venta desde el pasado mes de Julio, dos versiones están disponibles: el Carrera y el Carrera S. Las novedades mecánicas se concentran básicamente en el Carrera S, que aumenta el diámetro de sus seis cilindros y eleva su cilindrada hasta los 3,8 litros. Su par y potencia aumenta de forma proporcional, llegando a los 355 CV y 400 Nm por los 325 CV y 370 Nm del Carrera “normal” –cinco caballos más que el anterior 2,6 litros-. Pero lo que más nos ha sorprendido de los nuevos motores es su sonido, francamente espeluznante, especialmente en el caso del “S”. Basta decir que se creó un departamento específico durante el proceso de creación del nuevo 911 en aras de “devolver” el particular sonido boxer. ¡Y bueno si lo han conseguido!. Es imposible resistirse a su melodía en la escalada de revoluciones desde las 4.000 rpm hasta las 7.300 rpm del corte de inyección

Tanto el Carrera como el Carrera S tienen potencia suficiente para que cualquier mortal se sienta satisfecho, pero la duda era saber si los sistemas electrónicos incorporados en el nuevo 911 han resuelto los “problemillas” típicos de estabilidad que siempre han caracterizado al modelo de Stuttgart. La conclusión: inmejorable para la arcaica arquitectura de motor “todo atrás”. Es decir, siguen haciendo acto de presencia movimientos vacilantes en el tren delantero a muy alta velocidad en juntas de dilatación en autopistas o a ritmo endiablado en carreteras de montaña, aunque son muchos más leves y casi no interfieren en la conducción ¡pero siguen estando!, como buen 911.

La novedad de la que parecen estar más orgullosos en Porsche es la Suspensión Activa, que junto con el PSM -control de estabilidad- y una tecla “Sport”, permiten un sin fin de combinaciones en función de la activación o no de cada uno de los tres sistema. Los amortiguadores disponen ahora de un regulador activo de presión, optimizando el grado de dureza de los mismos en función de las necesidades del conductor y de la conducción propiamente dicha. Su efectividad es absoluta, admitiendo un uso racional del 911 si no pulsamos la tecla “Sport”, así como un uso radical activando dicha tecla y –si nos atrevemos- desconectando el PSM. El PSM resulta muy poco intrusito en la conducción, permitiendo notables derrapadas en las curvas más lentas, y es equipo de serie en el Carrera S y opcional en el Carrera.

Y para los que quieran el 911 como objeto de eficacia en toda situación, queda la opción de suspensión deportiva convencional con diferencial autoblocante. Viendo la eficacia del nuevo sistema de suspensión activa, casi no podemos imaginar a qué usuario le compensaría dicha opción, pero Porsche la ha contemplado.

¿Y todo esto en qué se traduce en la conducción? Después de recorrer 700 kilómetros por ciudad, carretera y autopista, puedo afirmar que se traduce en una eficacia y diversión sin parangón en los modelos anteriores. Adiós a la exigente conducción típica del 911, que era del todo inaccesible para los conductores menos habilidosos, limitados a simplemente “circular” con él. Ahora, ya es posible buscarle las cosquillas con cierta tranquilidad en curvas de media velocidad, aunque siempre concientes de lo que llevamos entre manos. Tanta valentía se debe al magnífico Control de Estabilidad, que permite moderadas derrapadas y casi no notamos su intervención en la conducción al límite. Evidentemente, las aceleraciones son bestiales y las frenadas inmejorables. Rodar con él por carreteras de montaña en lo más parecido a un videojuego –por sensación de velocidad y vértigo-, y debemos mantener la cabeza fría porque no basta con “reiniciar” la partida en caso de error. Y por autopista, es tal la estabilidad sobre buen pavimento que simplemente no existen límites ni en las curvas más pronunciadas, que se pueden tomar a velocidades que siempre duplican las máximas legales. ¿Y que tal desconectar el Control de Estabilidad? Eso queda para el que se atreva.

Conclusión.

Nunca antes se había experimentado un salto cualitativo tan importante, al menos en las últimas generaciones que habían ido “degenerando” en lo que era su espíritu primordial, buscando potenciales clientes que nunca llegaron y que su hermano el Cayenne incluso le ha ido robando. Ahora, y visto lo visto, el 911 debe volver a su posición natural, que es la de liderazgo entre los coupés de altas prestaciones. Por prestaciones, comportamiento, acabado y elegancia, está a la altura del mejor. Y si nos centramos en carisma, ninguno puede decir que mantiene una arquitectura básica de los años ´60.
 

Juan José Llanos

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