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La 80 edición del Salón del Automóvil de Ginebra, que se abre mañana al público, hasta el próximo 14 de marzo, ha sido muy reveladora en la ya abierta y decidida apuesta del sector del automóvil por nuevos conceptos de movilidad asentados en la protección medioambiental.
AsÃ, de las más de cien novedades de producto presentadas en la localidad helvética, seis de cada diez se inscriben en las tecnologÃas hÃbridas o eléctricas.
Y lo que resulta más llamativo es un cambio cualitativo no desdeñable. Hace solo un par de años estas innovaciones empezaban a balbucear en un marco que se circunscribÃa a modelos de los segmentos urbanos, considerados los más proclives a asumir estas energÃas limpias y económicas por la propia idiosincrasia del producto, anexo a los efectos de la crisis que ya se empezaba a detectar.
El salón ginebrino ha dado una vuelta de tuerca y ha universalizado las tecnologÃas hÃbridas y eléctricas que han llegado a marcas tan asentadas en la tendencia energética tradicional de la gasolina, como Ferrari y Porsche.
La italiana ha presentado una versión eléctrica que ha distinguido con el recurso fácil y tópico del color verde, rompiendo esa uniformidad de tonos siempre dominados por el rojo, pero con incursiones ocasionales en el negro o el azul. Si Don Enzo levantara la cabeza....
Porsche ha roto moldes con un 918 Spyder hÃbrido que, en la suma de potencias de sus dos motores, el de combustión y el eléctrico, suma 700 CV. Dada la filosofÃa de esta marca, a nadie sorprende la prestación, pero la caja de sorpresas está en un consumo medio de 4 litros a los cien kilómetros.
Marcas de fuerte implantación en las elites profesionales de éxito, como Mercedes y BMW, han dado el máximo realce expositivo a las gamas Blueeficiency y Eficientdynamics, respectivamente, que se distinguen por consumos y niveles de emisiones que han dejado muchos millones de euros e innumerables horas en investigación y desarrollo en multitud de departamentos.
Ninguna marca se ha sustraÃdo a este reto de futuro y, desde los segmentos más populares a los de más alta gama, cada coche publicitaba en su carrocerÃas los litros de gasto de carburante y los g/km de las emisiones de CO2, informaciones que no hace más de dos años eran totalmente marginales.
No ha faltado la complicidad con las inquietudes de los consumidores y las incógnitas sobre el suministro de electricidad para los coches del futuro se han salvado con profusión de postes de recarga conectados a los vehÃculos expuestos. El visitante ha captado con este recurso gráfico que hay un potencial abanico de soluciones para esta cuestión nada baladÃ.
El papel de los medios informativos se ha dejado seducir por el glamour de las marcas más emocionales, por esas berlinas con las que todo sueñan. Las instantáneas fotográficas se han cebado, en una repetición casi milimétrica de la historia, tradición y estilo de estos eventos, con los Rolls Royce, los Bentley, Porsche y las formas casi imposibles de los carroceros más acreditados.
Pero el imán de las cámaras hacia los nuevos coches eléctricos o de los hÃbridos que, reduciendo consumos y emisiones hasta niveles increÃbles no hace mucho y que acaban de citarse con el futuro, ha tenido una atracción mediática no menos impactante.
Un coche de calle, ese que se ve todos los dÃas conducido por un ciudadano normal, ha sido tan vedette en este salón de Ginebra como un Ferrari o un Jaguar, pero su fama ha tenido el elemento distintivo de esa nueva denominación de origen, bien visible, que se impone en el automóvil en la forma de sus registros de emisiones y consumos.
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